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Es habitual ganar peso con los años, aunque cuesta imaginarse de otra manera a personas que conocemos gordas y que en su juventud quizá no lo fueran.

No es que uno cambie demasiado, los rasgos principales para reconocer un rostro siguen ahí: la mirada, la pose. Pero no deja de parecernos que se perdió algo con el engorde. El esquema corporal y su estructura (y su belleza), quedan ocultos bajo el manto de gordura y parece que quedaran atrás en el tiempo, aunque en realidad siguen ahí. Recuperables aún (aunque quizá no siempre, claro).

El otro día me asaltó la foto de un inesperado jovencito Hitchcock, mucho menos gordo que lo habitual en él, y me hizo recordar el fabuloso trabajo artístico de Giuseppe Penone “ripetere il bosco” (1969, “repetir el bosque”).

En “ripetere il bosco”, Penone partió de vigas de madera que esculpió “quitándoles años”, es decir que, siguiendo las capas (lo que en el corte transversal vemos como “anillos”) que los árboles generaron en su crecimiento y extrayendo esa madera, consigió devolverles las formas que esos árboles habían tenido muchos años antes de haber sido convertidos en vigas. Así incluso, de cada nudo de la madera fueron surgiendo las ramitas que los habían formado.
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