José Hierro escribió este soneto sabiamente titulado “vida” dedicándolo a Paula Romero, su recién nacida nieta.

Mi primer contacto con este soneto fue al escucharlo en la voz del poeta a través de la radio. No sé si me habría producido la misma impresión en el caso de haberme enfrentado a su lectura en letras negras sobre fondo blanco. En parte lo que diferencia al poema escrito de, por ejemplo, la letra de una canción (cantada, por supuesto), es, según algunos, que mientras lees el poema sabes, porque lo ves, cuántos versos quedan para que finalice y eso te da una medida de la importancia o peso de cada verso en relación al todo. Y eso importa, claro. Sin embargo, también es cierto que un soneto bien leido va descubriéndose como soneto, de modo que cuando empiezas a oír los tercetos ya vas preparándote para la salida.

Vida

Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!»
Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!»
Ahora sé que la nada lo era todo.
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.